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ENTREVISTA | Yago Álvarez: “La prensa económica es una herramienta específica para que los poderosos generen opinión pública”

La prensa económica puede hablar con aparente tecnicismo y rigor de la economía financiera, del funcionamiento del mercado e incluso de las causas de las crisis. De lo que no habla casi nunca es de los culpables —que suelen ser sus propios lectores—, de la economía productiva real y, aun menos, del sistema económico contingente en que se mueve: el capitalismo. Yago Álvarez es entrevistado en Mèdia.cat por Alberto Prieto a propósito de su libro ‘Pescar el salmón. Bulos, narrativas y poder en la prensa económica’. Su conclusión: la prensa salmón funciona como autoridad seudocientífica de los mantras del neoliberalismo.

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A Yago Álvarez (O Porriño, 1980), no le gusta la economía —una característica curiosamente común entre las personas progresistas con formación económica—. O, como mínimo, la economía tal como se ha explicado. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, Álvarez recorrió los caminos del sistema financiero durante la burbuja inmobiliaria antes de hacer el salto a la prensa especializada. Con el estallido de la crisis financiera y sus consecuencias inmediatas, el ahora periodista accedió a espacios activistas de la órbita del 15-M, época en que empieza a hacerse un nombre en los entornos progresistas de las redes sociales con su cuenta de Twitter Economista Cabreado y el blog El Salmón Contracorriente

Más de una década después y ya asentado en la prensa alternativa –El Salto– y en los medios convencionales como una voz autorizada de la información económica heterodoxa, Álvarez publica Pescar el salmón (Capitán Swing, 2023), una concisa reflexión sobre la historia, el presente y lo que le espera a la prensa económica como correa de transmisión de la inefable victoria del neoliberalismo.

¿Qué tiene este momento, 50 años después de la derrota contra la ortodoxia neoliberal, para que sea relevante observar el funcionamiento de la prensa económica como máquina de producción de discurso?

Después de 50 años, ya iba siendo hora, no? (ríe). En los últimos 15 años hemos sufrido un par de episodios complejos: la crisis del 2008 nos enseña las fisuras del neoliberalismo. La desregulación de los mercados muestra una quiebra completa, y tienen que ser los estados los que finalmente tienen que salir a rescatar el sistema financiero que en gran parte había sido responsable. Después, la concatenación de la pandemia con el episodio inflacionista a raíz de la guerra en Ucrania. Durante el Covid, nos damos cuenta de que es muy necesario tener un estado fuerte; que es la cosa pública la que mantiene la economía en estos momentos.

Muchos de estos mantras del neoliberalismo, pues, caen a pedazos. Vemos un proceso incluso de desglobalización. Volvemos a resituar las cadenas de valor; y vemos cosas como Europa invirtiendo para hacer una fábrica de chips, prohibiciones a Huawei y a TikTok. Guerras comerciales, desnudas y crudas. Y una cosa más, esta de cara al futuro: la prensa económica ha sido parte esencial de la promoción de valores e ideología, de un modelo social y económico que nos ha llevado a esta crisis climática. Así, los medios salmón tienen la oportunidad de dar carpetazo a todo aquello y comunicar seriamente aquello a lo que nos enfrentamos, o quedará totalmente en ridículo.

Con 15 años de esta crisis de las estructuras del neoliberalismo que informan la prensa económica, ¿detectas algún tipo de cambio de ritmo? ¿Son diferentes las páginas salmón actuales de las del 2007?

Igual que pasa con otros movimientos, como es el caso del feminismo, en el cual las victorias tienen la respuesta de una oleada reaccionaria; el neoliberalismo muestra algo similar. De hecho, ya vemos algunos de estos medios de comunicación tomando posturas incluso anarcocapitalistes —una palabra de moda con la irrupción de Javier Milei—. Toman discursos que son de base antidemocráticos: que todo estado tiene que ser eliminado y que todo impuesto es un robo. En relación a lo que me preguntas, veo que hay un repliegue. La prensa salmón se ha vuelto más agresiva en los últimos años. Si continúan por este camino, especialmente en cuanto a la crisis climática, quedará en entredicho todo el trabajo de las décadas anteriores.

Mencionas en el libro la tendencia de la prensa económica de vestirse de ciencia. ¿Ves una renuncia a esta propuesta discursiva en este repliegue que identificas?

No, creo que no. Se ha movido tanto el marco, y están tan descolocados ante las medidas de regulación de mercados, medidas redistributivas —¡el FMI vuelve a hablar del impuesto al patrimonio!— que ven como cae su castillo de naipes. No creo que hayan abandonado el intento de hacer pasar la economía como una ciencia exacta y libre de ideología; sino que prueban de hacer valer todavía más aquellos valores que los definen, a menudo incluso de maneras desesperadas. Tildar, como se ha visto últimamente, al FMI de comunista quiere decir que han perdido el norte.

La izquierda americana explica una anécdota que decía que los marxistas del país hacían clubes de lectura para analizar el Financial Times, porque en este intento de convertirse en ciencia explicaban el sistema, digamos, en toda su crudeza, sin trampas ideológicas. ¿Sirve la prensa económica para eso; para entender el alcance real del modo de producción?

La prensa económica, con este dibujo de la economía como algo que no es político, enseña el funcionamiento de los mercados, pero no los culpables de sus consecuencias. Claro ejemplo: las crisis. Cuando hay una crisis, la prensa económica lo explica más o menos bien, pero nunca señala los culpables; unos culpables que a menudo son a sus juntas directivas o son sus anunciantes. Incluso, son los generadores de otras narrativas que van a la contra. En el Estado, el cuento de haber “vivido por encima de nuestras posibilidades”; de culpar los hipotecados de la crisis provocada por el sistema financiero… son protagonistas, por un lado, por aquello que ocultan y por otra, porque nos hacen mirar hacia otro lugar.

Este esfuerzo para esconder las caras de directivos y accionistas liga con la curiosa entrada, en los últimos años, en el discurso público de la economía política de la comunicación: quién tiene las acciones y está en los consejos de administración de cada medio. ¿Toma especial relevancia esta conexión con el capital en el caso de la prensa salmón?

En comparación con la prensa generalista, veo un par de factores diferenciales. Por un lado, el tipo de temas que trata la prensa salmón influye específicamente a las cuentas de resultados de los grupos empresariales. Hay noticias que claramente sirven para que la gente compre acciones, para atacar los rivales, para comprar ciertos productos… Aquí hay una relación más directa de la prensa salmón con los intereses económicos, porque le habla a un sector específico de gente que son actores del mismo mercado donde se mueven las empresas.

Para los medios económicos, al tener un argot propio que se usa como barrera para que el lector no se meta, es mucho más fácil manipular, generar narrativas según lo que conviene. Incluso, es fácil generar una opinión pública a su favor sin necesidad de mentir, porque la población no entenderá bien las cifras que explican. La prensa salmón, pues, es una herramienta específica para que los poderosos generen opinión pública.

¿Cómo puede contrarrestarse esto? ¿Hay forma de hacer narrativas a la contra de estos mecanismos?

Es complicado. En el libro pongo el foco en informarse, comparar fuentes, buscar datos, pero soy consciente que esto es elitista. No todo el mundo puede permitirse el lujo de volver del trabajo sin saber si llegarás a final de mes y ponerse a leer un montón de artículos. Aun así, el público tiene que desarrollar un sentido de la desconfianza, intentar averiguar los intereses ocultos que hay detrás de las noticias de la prensa salmón.

Habláis del uso de esta aura de ciencia para imponer una narrativa ortodoxa a la prensa salmón. ¿Hay problemas también antes? ¿Detectas en la academia económica las mismas obsesiones que hay en los medios especializados?

El problema es prácticamente el mismo, que el neoliberalismo gana la batalla no solo ideológica, sino cultural. El “There is no alternative” de Thatcher lo atraviesa todo; también las universidades. Dentro podemos encontrar gente que analiza la economía desde otros puntos de vista, pero esta gente no llega a los medios. Y no llegan también porque se han asegurado que así sea. Un amigo periodista me comentaba que si llamas a una universidad pública para buscar declaraciones de un experto cuesta horrores. Las universidades privadas, que son todas de corte liberal, tienen auténticos gabinetes de comunicación para que su nombre aparezca en los medios. Y lo mismo se da en otras esferas expertas, como los think tanks: el neoliberalismo entiende que tiene que generar literatura que apoye sus mantras, y de aquí nacen todos los generadores de pensamiento que rellenan los medios del Estado y de todo el mundo.

¿Cómo es la influencia de esta victoria neoliberal sobre los periodistas? ¿Ha ganado la economía ortodoxa esta batalla también en las mesas de redacción?

Totalmente. Este tipo de discurso ha calado hasta la médula, hasta el punto que hay redactores que no pondrán nunca en entredicho los mantras de la ortodoxia; los darán por hechos. Efectivamente, las redacciones están a cierto nivel infectadas. Y no solo. Volviendo a la universidad; en muchas facultades de periodismo no se valora ya si una pieza es buena o no; se valora si la compraría un medio. Es normal que un joven que llega a una redacción esté impregnado, pues, de estas ideas.

También trato en el libro los autofiltros que impone esta ideología. Si llegas a una redacción económica y empiezas a decir que quizás habría que expropiar los pisos a los fondos buitre, no duras ni tres meses. No es necesario que venga el director a cambiarte un titular; tú sabes de sobra qué titular tienes que poner si quieres aguantar el lugar de trabajo. No hace falta que el poder sobre los periodistas sea muy explícito; la autocensura de la precariedad es la peor de todas.

En el libro tratas el tema del público objetivo de la prensa económica, cierta identificación del lector de las páginas salmón con directivos e inversores. ¿Esto todavía es así?

No creo que sea así, no. Su lenguaje se dirige a ellos, sí; uno que solo ellos pueden entender. Pero el titular que se mueve en redes llega a todo el mundo. La noticia que twitea Ayuso la lee un montón de gente. La prensa económica quiere ser entendida por un nicho de población especializado; pero se dirige también a un público general sobre el cual, sin entender lo que dicen, quieren generar opinión. Relatos, narrativas, animadversión o apoyo a un gobierno u otro según conveniencia. Aquí, en el Estado, cuando se limitó el precio del gas, las principales cabeceras publicaron artículos asegurando que acabaríamos pagando más. Con el impuesto a las eléctricas prometían que nos lo trasladarían a los precios. Y con el de grandes fortunas, que nos hundiríamos porque todos los ricos marcharían de España.

“De lo que no se habla, no existe”, dices al libro. En las páginas salmón hay un gran ausente: el mundo del trabajo. ¿A qué responde esta omisión de la mitad –como mínimo– del sistema productivo?

Claramente a una financiarización de la economía. El desacoplamiento que la economía financiera hace respecto de la economía real, productiva, es lo que lleva a una victoria de los mercados sobre el trabajo. Hay un desplazamiento del mundo del trabajo, y de hecho de toda la economía real, en favor de empresas financieras que solo viven de mover dinero. Una promoción del rentisme por encima de la parte laboral. Y ahora mismo nos encontramos ante disyuntivas bastante serias. La IA amenaza trabajos cualificados, muchos países sufren desocupación y desigualdad estructural entre los trabajadores. El trabajo tiene que volver a los medios reivindicando que es la mitad de las fuerzas productivas. Y, sobre todo, gran parte del consumo: sin trabajadores no hay consumo, y sin consumo no hay capitalismo. Las nuevas formas de pensar cómo repartiremos el trabajo y la renta tendrían que tener un papel central a la prensa salmón.

Acabas el libro hablando de alternativas. ¿Hay espacio para un medio económico relativamente ambicioso que informe desde la heterodoxia?

Espacio hay, y necesidad también. Lo que no hay es capital. Al final, las empresas que hacen publicidad también son un filtro: si un medio no va en la línea de sus intereses, no pondrán ni un sol banner de publicidad. Somos pequeños pescados en piscinas de tiburones. Creo, sin embargo, que habrá mayores posibilidades cuando crezca la conciencia que un periodismo bueno, democrático, hay que financiarlo. Hacen falta medios que sobrevivan sin depender de grandes poderes económicos. Reitero, espacio hay, pero no tenemos el dinero que tienen los otros.

Imaginemos que se supera el escollo del capital. ¿Cómo imaginas una prensa salmón alternativa?

Lo primero de todo es hacernos entender. La economía de izquierdas ha pecado muchísimo de lo mismo que hacen los otros, de querer ser demasiado pedantes; querer explicarlo todo con unos lenguajes que no son comprensibles para la inmensa mayoría. Hay que mostrar que implicarse en economía quiere decir implicarse en política; en la democracia. Que ir a votar sin saber nada de economía es un peligro. No tendríamos que imitar la prensa salmón más clásica, sino reconceptualizar la economía. Hay que abandonar los mercados; empezar a pensar en economía como ecologismo, igualdad, feminismo… Que la economía ha de ser explicada como una herramienta para llegar a estos objetivos.

Este artículo fue publicado originariamente a Mèdia.cat el 26 de octubre de 2023. hemos modificado el entradilla, la imagen y los links. Agradecemos a Mèdia.cat que permitan distribuir todo el material que generan bajo licencia Creative Commons. La imagen destacada que encabeza el artículo es de la elaboración propia.